Un mundo hecho para todos

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Vivimos en una vertiginosa cotidianidad, la ambición por el poder (ser a toda costa más que los demás), va ganando la batalla.

Pensamos que somos dueños del mundo y todo lo que en él existe.

Al ser humano ya no le importa atentar contra la naturaleza, explotarla para el beneficio de unos cuantos, ni qué decir de seguir asfixiando a este hermoso planeta con tanta contaminación surgida de la tecnología que tanta comodidad nos brinda.

Dudo mucho que no sepamos el daño que generamos en este sentido.

Y es cuando podemos reflexionar sobre el camino en línea recta en el que vamos, directo al hoyo del cual, ya no habrá forma de salir.

Hemos olvidado convivir, respetar, se nos va terminando nuestra esencia de humanidad.

A menos que reconsideremos reflexionar y que nos echemos un clavado hacía nuestro ser interior (llámale conciencia, alma o espíritu), y recordemos lo que somos, y cuál es nuestro cometido aquí y ahora.

¿En qué momento se nos ha olvidado que somos 100% dependientes de nuestro medio ambiente?

A qué hora nos volvimos indiferentes con la extinción de especies de animales, con el hecho de que tantas industrias farmacéuticas o de cosméticos usan precisamente animales para sus experimentos que nada tiene de humanos y éticos.

¿Qué nos falta para ejercer un respeto y valor verdadero a este gran globo terráqueo que amablemente nos permite seguir aquí?

Tenemos mucho por hacer, y estoy convencida de que somos mayoría los que luchamos día a día por aportar mucho de lo bueno que tenemos.

La próxima vez que compres un producto de cosmética, o de alimento, de ropa, etc., te invito a que te detengas a pensar por favor, si detrás de tu confort y lujo, no existió el sufrimiento de un ser indefenso.

 

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