Su intento por comprar un equipo de futbol de tercera división fue la acción que desembocó en la detención de la banda de hackers en León, Guanajuato, encabezada por Héctor Orti Solares, conocido como el “H-1”.

A esta banda, denominada “Bandidos Revolution Team”, se le aseguraron 27 automóviles de lujo de varias marcas entre ellos Ferrari, Mercedes Benz, Audi, McLaren y Lamborghini, en diversos predios en Gran Jardín, Cumbres del Campestre, Lomas del Refugio, Villa Franca II y Real Los Morales.

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Según el diario Milenio, el “H-1” pretendía comprar el equipo de futbol con los recursos obtenidos de forma ilícita.

Funcionarios del gobierno federal indicaron a Milenio que este grupo criminal es considerado un “cártel” independiente conformado por hackers.

Aseguraron que Ortiz Solares se desenvolvía como operador logístico y jefe del cártel, además de que contaba con un servicio de ocho escoltas quienes recibían un sueldo aproximado de 100 mil pesos.

De acuerdo con las pesquisas, sus ganancias mensuales, las cuales obtenía de su actividad delictiva se encontraban entre los 50 y cien millones de pesos.

Las fuentes citadas por Milenio explicaron que la captura de estas personas derivó tras el seguimiento de una investigación por parte de los efectivos de los agentes federales, iniciada por la denuncia interpuesta por el banco BBVA Bancomer, por el delito de fraude electrónico, por lo que en seguimiento a la investigación se identificó al líder y a los integrantes de esta organización delictiva quienes se autodenominaban “Bandidos Revolution Team”.

Los agentes investigaron los movimientos del grupo criminal en fraccionamientos exclusivos a través de coberturas en donde se utilizaron drones para ubicar y localizar las residencias, en las que operaba este grupo delincuencial.

Los “Bandidos Revolutions Team” infectaban con malware (virus) el sistema SPEI de bancos para extraer dinero y depositarlo a terceros.

Funcionarios del gobierno federal aclararon que esta organización delictiva no guarda relación con los ataques del año pasado al sistema SPEI, sino que su forma de operar era distinta y venían operando desde hace cinco años.

El modus operandi de los ahora detenidos consistía en reclutar personas que tuvieran conocimientos en informática para crear malware que les permitiera extraer los recursos de las instituciones bancarias a través del sistema SPEI, lo que hacían a través de depósitos a cuentas de terceros, quienes llevaban a cabo los retiros a cambio del pago de una comisión.

Además, estos individuos buscaban la vulnerabilidad de los sistemas bancarios para seleccionar cajeros automáticos, de los cuales llegaban a extraer de 100 a 200 millones de pesos en un solo evento; las máquinas eran infectados con un virus que les permitía en un día y hora determinada retirar de 30 mil a 60 mil pesos por cajero electrónico.

Otra forma de obtener recursos era a través de la clonación de tarjetas bancarias, así como la realización de fraudes con tarjetas de supermercado con las que compraban electrodomésticos y bebidas alcohólicas para posteriormente ser vendidos a mitad de precio y con ello adquirir inmuebles, vehículos de lujo y equipo técnico especializado para vulnerar sistemas informáticos.

Tras la captura de estas personas, y como resultado de esta acción ministerial, fueron asegurados 27 automóviles de lujo de varias marcas, que se encontraban resguardados en carpas con las condiciones óptimas para que los vehículos no se deterioraran.

También fueron decomisadas dos cuatrimotos, cuatro motocicletas, dos armas de fuego, nueve cajas de plástico con dinero en efectivo con un monto cercano a 20 millones 442 mil 239 pesos en moneda nacional, dosis de droga, 15 equipos de cómputo, 29 teléfonos celulares, cuatro dispositivos de almacenamiento USB y discos duros.

También se localizó un uniforme con la leyenda Policía Federal, documentos diversos y un portafolio.

Algunos de los inmuebles asegurados a los hackers estaban acondicionados como oficinas, puntos de operación, bodegas en donde estaban resguardados los vehículos y además un domicilio que fungía como centro de entretenimiento, añadió Milenio en su información.

La organización contaba con el apoyo de una empresa de seguridad privada que custodiaba las bodegas, en las que también se almacenaban armas, droga, dinero y equipo de cómputo. Esta empresa reclutaba a militares en retiro adiestrados en el manejo de armas de fuego.

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