Adiós Vaquero Espacial

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¡Ya basta de secuelas, remakes y reboots! Insisto, solo demuestran la falta de creatividad de una industria cinematográfica comercial en Hollywood. ¿Y qué decir de Disney? Estamos en una época en la que, a pesar de haber adquirido Fox, continúan con la intención de atacar la melancolía y el recuerdo con la finalidad de ganar más dinero.

Sin duda, el dinero es el motor del cine, todos trabajamos con la finalidad de ganar el pan de cada día, pero en las películas, se puede apreciar el descaro de que solo buscan sacar los billetes de las carteras sin importar la calidad del contenido, y esto queda más que claro con el reestreno de Avengers: Endgame (Anthony y Joe Russo, 2019), que pretende desfalcar a Avatar (James Cameron, 2009) como la película más taquillera. ¿De verdad? ¿Pagar un boleto por tener una escena postcréditos y algo de material extra? Deja claro que las corporaciones solo nos ven como una masa moldeable a quien le pueden vender… ¡Mira! ¡TOY STORY 4!

Sí, podré criticar lo que sea de las productoras y su intención de succionar nuestro capital, pero también debo aceptar que ver a esos personajes, con quienes crecí, en la pantalla grande me resulta una experiencia llena de emociones. Toy Story (1995, John Lasseter) fue una de las primeras películas que fui a ver al cine – y que recuerdo haber visto –, por lo que el cariño que le tengo es mucho mayor.

A 24 años de distancia y 19 películas después, Pixar llegó a un punto que nos permite apreciar una evolución más que considerable en su trabajo de cinematografía, en la que cada fotograma representa horas y horas de trabajo que se muestran más que claramente en la calidad de las imágenes se muestran en pantalla. La iluminación, los escenarios, las texturas y cada elemento que se puede apreciar cuentan con una calidad casi perfecta. En algunos momentos, llega a parecer que, en lugar de ver cuadros creados por computadora, ¡son fotografías! El gato de la tienda de antigüedades, los juguetes, cada detalle es un placer visual.

Ahora, si nos pasamos al análisis del guion, esta cinta nos presenta una evolución al discurso que se manejó en las primeras cintas. Si bien tiene una similitud a Toy Story 3 (2010, Lee Unkrich), en el cual busca demostrar la importancia de dejar ir y cerrar ciclos, ahora se aleja más claramente de la línea enfocada al tema de su canción “Yo soy tu amigo fiel”.

Es claro que el mensaje es aun más elaborado que esto, pero en un primer plano, se puede observar, en el personaje de Woody, que hay momentos en la vida en la que debemos aceptar el cambio, que debemos permitirnos voltear a otros horizontes. Un personaje que es fundamental en esta evolución a través del ejemplo, es Forky, sobre quien gira el argumento de la cinta, puesto que es quien pasa por un proceso de cambio bastante marcado y bien planteado a lo largo del film (remarco, no es en quien recae el cierre del ciclo final, pero que es un soporte emocional para quien lo lleva a cabo).

Con personajes bien creados, podemos apreciar que cada uno vive una situación similar y cada cual lo vive de acuerdo a la etapa en la que se encuentra de su vida y cada quien va avanzando a su tiempo y en su momento, como lo es en la vida, las personas tenemos que vivir los duelos y ciclos de manera personal.

A lo largo de los cerca de 100 minutos de duración de Toy Story 4 (Josh Cooley, 2019) te puedes adentrar en una historia compleja llena de momentos reflexivos y risas – en ocasiones carcajadas para mí – que te llevan de la mano a una despedida que, a pesar del dolor, refleja que un adiós o un hasta pronto no tiene que ser triste, sino que se puede celebrar, ya que el seguir un nuevo camino no tiene por qué representar miedo y lágrimas, sino que también alegría por los retos que se presentarán.

Evité lo más posible los Spoilers, pero lo que puedo decir es ¡Adiós Vaquero Espacial! (…) Al menos que Disney lo convierta en un hasta pronto.