Hay algún propósito detrás de lo que nos está ocurriendo

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Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y un poco torpe de las manos. Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida, sea para siempre.

 

Estas son, sin duda, sabias palabras del maestro Jaime Sabines en su poema “Me encanta Dios”. Bien pudieran aplicar en este tiempo de pandemia, de reflexión, de hacer un alto en el camino y pensar en lo que como personas y sociedad estamos haciendo bien o mal; no solo en lo profesional, sino también en nuestra vida diaria.

Plasmo también en este espacio las palabras que me escribió una amiga muy querida: “Soy de la opinión de que llegamos a intuir que algún propósito debe existir detrás de todo lo que nos ocurre. Se me hace muy duro pensar que nuestro paso por este mundo sea un acto meramente biológico, que tengamos que sobrevivir como se pueda y que, al final, no seremos más que pasto para la tierra. Si esto fuera así, nos limitaríamos meramente a existir. Y es cierto que para muchas personas la vida consiste, nada más y nada menos, que en eso. Pero nuestra conciencia no está hecha para tales limitaciones. Debemos recordar que hay algo más que nuestros apegos”.

Y remata con esta afirmación clara y contundente: “Nada ni nadie nos pertenece”.